lunes, 30 de julio de 2012

Conocer y vencer el Estres


En los tiempos que vivimos, quien más quien menos es víctima del estrés. Hoy por hoy es prácticamente imposible librarse completamente de él, ya que estamos bajo continuas presiones de diverso tipo: sociales, laborales, familiares, profesionales y económicas. Ante todos estos agobios, respondemos con un mecanismo de autodefensa que tiene como objetivo conseguir adaptarse a estas complicadas situaciones: el estrés
La actitud personal que conlleva el estrés tiene a menudo una parte positiva, que consiste en la predisposición a actuar sobre el problema para intentar encontrar una nueva perspectiva con la que poder afrontarlo con éxito. No obstante, la parte negativa es que esa actitud también va asociada con desconfianza, impotencia, rechazo, mal humor, irritabilidad y depresión que pueden traducirse en diferentes síntomas físicos, como cansancio, tensiones musculares, dolores de cabeza, trastornos del apetito, alteraciones del sueño, hipertensión arterial, úlceras, etc.
En la vida existe un gran número de factores potenciales desencadenantes del estrés, como iniciar una relación de pareja, separarse, cambiar de domicilio, nacimientos, fallecimientos, cambios profesionales, aumento de responsabilidades, etc. En cualquier caso, lo que estresa es lo que cada uno considera como "demasiado" o "excesivo", es decir, aquello que nos hace pensar que supera nuestras posibilidades de enfrentarnos con garantías de éxito a la situación creada.
Es típico que en el ámbito profesional se produzcan niveles altos de estrés, comúnmente asociados con el exceso de trabajo. En este caso, la angustia aparece normalmente porque, al haber mucho trabajo, es más probable que haya al menos una parte que no pueda ser completada a tiempo. Así, por ejemplo, muchos trabajadores se encuentran a menudo frente a situaciones del tipo: "tengo llamadas pendientes y no me da tiempo a contestarlas", "está sin resolver la propuesta que me hicieron en la última reunión", "debería estar haciendo el presupuesto del año que viene", o "tendría que leer esos informes que me dejaron sobre el escritorio": en resumen, "¡cuándo voy a poder hacer todo esto!".
ESTRÉS POR MOTIVOS DE TRABAJO
El estrés es un hecho habitual en nuestras vidas. No puede evitarse por completo, ya que cualquier cambio al que debamos adaptarnos conlleva cierta carga de estrés. Los sentimientos negativos, daño, enfermedad o muerte de un ser querido, son hechos estresantes, así como algunos sucesos positivos: ascender en el trabajo trae consigo el estrés del nuevo puesto, de nuevas responsabilidades.
Nuestras experiencias estresantes provienen de tres fuentes básicas: nuestro entorno, nuestro cuerpo y nuestros pensamientos. El entorno se refiere a las condiciones ambientales, como por ejemplo ruidos, aglomeraciones, demandas de nuestra atención, etc. Las fisiológicas se refieren a nuestro organismo: enfermedades, accidentes, trastornos, etc. Por otro lado, las amenazas exteriores producen en nuestro cuerpo ciertos cambios estresantes. Así, nuestra forma de reaccionar ante los problemas, las demandas y los peligros, viene determinada por una aptitud innata de lucha o huida, cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes.
Este proceso se traduce en una serie de cambios físicos observables. Así, por ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza, los músculos se tensan para responder al desafío y la sangre es bombeada al cerebro para aumentar la llegada de oxigeno a las células y favorecer los procesos mentales. Las frecuencias cardiaca y respiratoria aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y el tronco, las extremidades, manos y pies, se perciben fríos y sudorosos.
Si no se libera al organismo de estos cambios ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración de la amenaza, se entra en un estado de estrés crónico. Cuando uno se siente estresado y añade aun más estrés, los centros reguladores del cerebro tienden a hiperreaccionar ocasionando desgaste físico, crisis del llanto, y potencialmente depresión.
Condiciones Estresantes
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Sobrecarga de trabajo.
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Exceso o falta de trabajo.
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Rapidez en realizar la tarea.
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Necesidad de tomar decisiones.
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Fatiga por esfuerzo físico importante.
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Viajes largos y numerosos.
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Excesivo número de horas de trabajo.
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Cambios frecuentes en el entorno laboral.
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En algunas aldeas, han obligado a pintar de negro los cristales de las ventanas de las casas donde viven mujeres para impedir que puedan ser vistas desde fuera.
La sobrecarga de trabajo, tanto en lo relativo a la complejidad de las tareas como en el excesivo número de ellas, ha establecido una relación directa entre horas de trabajo y muertes causadas por enfermedades coronarias. La sobrecarga de trabajo también esta relacionada significativamente con una serie de síntomas de estrés: búsqueda de formas de escape, absentismo laboral, baja motivación en el trabajo, baja autoestima, tensión, percepción de amenaza, desconcierto, alto nivel de colesterol, incremento de la tasa cardiaca y aumento de consumo de cigarrillos.
Estres asociado a las Características del Puesto de Trabajo
Ambigüedad del rol. Surge cuando no se dispone de una adecuada información laboral, responsabilidad o falta de claridad en los objetivos asociados al puesto. También puede suceder que exista una excesiva demanda de responsabilidad por parte de los compañeros sin haberse facultado para ello, o por el contrario que exista esa facultad y no se desempeñe. Esta situación representa para el trabajador una menor satisfacción en el trabajo, mayor tensión y baja autoestima.
La responsabilidad sobre otras personas. Los trabajadores con responsabilidad sobre otras personas tienen un mayor número de interacciones estresantes, como es el caso de directivos que, además, con cierta frecuencia tienen que asistir a reuniones o deben cumplir demasiados compromisos de trabajo. Estas personas suelen tener mayor presión diastólica y altos niveles de colesterol. Pero existen otros factores causantes de estrés relacionados con las funciones del trabajador, afectando fundamentalmente a mandos intermedios, como son:
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Individuo que cuenta con insuficiente responsabilidad.
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Falta de participación en la toma de decisiones.
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Falta de apoyo por parte de la dirección.
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Cambios tecnológicos a los que hay que adaptarse.
Estrés producido por las Relaciones Interpersonales
Cuando existen unas relaciones pobres y hay poca confianza, se producen frecuentemente comunicaciones insuficientes que originan tensiones psicológicas y sentimientos de insatisfacción en el trabajo. En este sentido, al considerar las relaciones con los superiores se pueden hallar favoritismos por su parte que provocan tensión y presión añadidas.
Por el contrario, las relaciones con los subordinados son con frecuencia fuentes de estrés para los directivos, al tratar de conseguir mayor productividad y un tratamiento considerado.
Las relaciones entre compañeros también pueden ocasionar diversas situaciones estresantes, como por ejemplo, rivalidad, falta de apoyo en situaciones difíciles, culpabilización de los errores o problemas, e incluso una total falta de relaciones.
Estrés relacionado con el Desarrollo de la Carrera Profesional
Por lo general, el trabajador espera ir ascendiendo en los diversos puestos que tiene la empresa a la que pertenece, es decir, tiende a mejorar no sólo en el aspecto económico, si no que también aspira a puestos de mayor responsabilidad o cualificación, desarrollando lo que llamaríamos su carrera profesional. Por eso, cuando las expectativas se truncan, aparecen tensiones o factores estresantes, como por ejemplo:
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Falta de seguridad en el trabajo.
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Incongruencia o falta de equidad en una promoción insuficiente o excesiva.
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Conciencia de haber alcanzado el propio techo.
Cuando un ejecutivo de mediana edad observa una ralentización en los procesos de promoción, y experimenta que va alcanzando su propio techo y puede ser sustituido por otros compañeros más jóvenes y con mas preparación, aparecen tensiones, conflictos, ansiedades, insatisfacciones y temores en relación con su posición profesional.
Estrés producido por la estructura organizativa
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Falta de participación en los procesos de toma de decisiones.
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Falta de autonomía en el trabajo.
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Inadecuada política de dirección.
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Sentirse extraño en la propia organización.
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Estrecha supervisión del trabajo.
El estrés producido por la propia organización presenta los siguientes factores de riesgo para la salud: ánimo deprimido, baja autoestima, poca satisfacción en el trabajo, intención de abandonar el puesto y absentismo laboral. Así mismo, en numerosos estudios realizados, la falta de participación en el trabajo produce insatisfacción y un incremento del riesgo de enfermedad física psíquica.
En el contexto laboral se experimentan otros síntomas estresantes que no son de carácter cuantitativo ni cualitativo, si no que ocurren más bien cuando las habilidades de la persona son incongruentes con respecto a la tarea o el entorno laboral. No obstante, hay que tener en cuenta que ante situaciones similares las personas reaccionan de forma diferente. Así, cuando se produce una tensión por sobrecarga de trabajo, mientras que una persona puede reorganizar eficazmente la tarea, aprender nuevas formas, buscar ayuda o absorber sólo aquello que es cabalmente posible, otra, según sea la situación, puede sentirse incapaz de superar tal tensión y puede responder a largo plazo con enfermedades coronarias, depresivas, etc.
Para que el estrés laboral no vaya carcomiendo nuestro interior debemos ser capaces de darnos cuenta de que el trabajo es sólo uno de los aspectos de los que se compone nuestra vida. Si dejamos que los problemas laborales nos ocupen y preocupen más de lo necesario no sólo estaremos abonando el terreno al estrés, si no que además corremos el peligro dejar de lado otros aspectos individuales, familiares y sociales más importantes incluso que el propio trabajo.

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