martes, 9 de julio de 2013

Autorespeto.



Respetarse a uno mismo, es un trabajo indispensable para vivir en armonía con uno mismo y con los demás.

Constantemente, nos quejamos de que otros nos faltan al respeto, sin atender a que es más frecuente que uno mismo se falte al respeto, siendo esto en ocasiones de maneras inconscientes.

La autoestima, dice Dov Peretz, que es un silencioso respeto por sí mismo.
Mientras que, según Mauro Rodríguez, el respeto a sí mismo, se manifiesta a través de las siguientes formas:

1. Atender y satisfacer las propias necesidades y valores.
2. Expresar y manejar, e forma conveniente, sentimientos y emociones, sin hacerse daño ni culparse.

3. Buscar y valorar todo aquello que lo haga a uno sentirse orgulloso de sí mismo.

Generalmente, las faltas de respeto, comienzan con faltas de respeto a uno mismo. Habría que comenzar por revisar detenidamente cómo y por qué yo lo permito y no tanto por qué el otro lo hace.

Maslow dice. "Sólo podemos respetar, dar y amar a los demás cuando hemos respetado, dado y amado a nosotros mismos".

Y, sin duda, de la misma manera que las relaciones humanas profundas se establecen sobre bases de respeto, también la autoestima se fortalece cuando aprendemos a respetarnos a nosotros mismos.

La Autoestima Precisa


Ya sabemos que la autoestima es uno de los factores más relevantes para el bienestar personal y una clave para relacionarnos con el entorno de una forma satisfactoria.
Si nuestra tendencia es a sobrevalorar las dificultades o defectos sin valorar las propias capacidades o posibilidades, la suma global (la percepción de uno mismo) hace que nos sintamos insatisfechos. Si esta forma de pensar está generalizada, nuestras actuaciones van a estar sesgadas o actuaremos con temor y hay más posibilidades que los fallos se repitan en el futuro.
También podemos tener un pensamiento distorsionado en el sentido contrario, si lo que tenemos es un sentimiento exagerado de autoestima, nos puede crear problemas, lo cual ocasionará que no podamos resolver los problemas de forma adecuada.
Aceptación de límites y capacidades
En esta sociedad se nos pide que seamos perfectos, ¡Los mejores!; esto choca frontalmente con nuestra vivencia. Lo adecuado es en sentir una parte de nosotros como maravillosa, aquella que se refiere a nuestras capacidades. Somos buenos para unas cosas, tenemos cualidades que ponemos o no en práctica, hemos conseguido cosas, etc.
La otra parte de nosotros alberga los límites. Si a veces somos odiosos, nos enfadamos, somos débiles o miedosos, no sabemos qué hacer, e incluso nos equivocamos. La parte de los límites es la que intentamos esconder, la que nos avergüenza de nosotros mismos. Ponemos tanta atención en nuestros defectos que no hacemos sino hacerlos más presentes y empeorar las cosas, por no aceptarlos, cambiar o salir de ellos. Toda esta energía puesta en los límites nos impide desarrollar las capacidades y superarnos.
Necesitamos aceptarnos como un todo, con límites y capacidades. Querernos sin condiciones. Sólo así sentiremos el aumento de la autoestima. Necesitamos estimar lo mejor de nosotros y lo menos bueno.

lunes, 30 de julio de 2012

La Culpa


La culpa es la debilidad más común, pues la mayoría de nosotros las sufrimos en mayor o menor grado.

La culpa es una emoción alimentada siempre por el recuerdo (una imagen) de una acción, omisión o pensamiento que esta fuera de la voluntadad de Dios u otra persona y que resulta en daño para otro y para si mismo.

La culpa se aprende en la niñez a través del mensaje culposo que es una forma especial de hablar que ordena las palabras de una forma específica, mezclándolo con una frase despectiva y un tono incriminatorio con el fin de manipular o herir.

El pensamiento culposo no es igual al pensamiento espiritual, la culpa habla en el interior de una forma hiriente, la voz del espíritu del hombre invita a la persona a encontrar soluciones y aprender de cada suceso de la vida.

La culpa trae graves consecuencia que impiden el crecimiento espiritual.

La culpa alimenta el yo: Una persona que se siente culpable tratará de cambiar por sus propias fuerzas con el fin de liberarse de la culpa no escogerá espiritualmente la ayuda de Dios pues la culpa le hace creer que si lo alcanza por voluntad y esfuerzo propio, será digno ante Dios se merecerá el perdón esto hace que la persona ponga su fe en su propia capacidad "el yo" y no en el poder de Dios.

Consecuencias de la Culpa

1.- La culpa le roba el efecto de gratitud al perdón y a la gracias de Dios: Las personas que se sienten perdonadas por Dios, las que él sacó del pecado y liberó del infierno, se sienten tan agradecidas que no pueden parar de hacer obras por gratitud a Dios, son personas que les fluye el deseo de agradar a Dios no por culpa u obligación sino más bien por agradecimiento. Cuando una persona se siente culpable tiende a obligarse a agradar a Dios, se obliga a orar, ayunar, etc. cayendo en religiosidad. Por otro lado la culpa hace que después de recibir el perdón de Dios la persona no se sienta perdonada.

2.- La culpa ata al pasado haciendo perder las bendiciones del presente: Muchos de nosotros sufrimos apuñalándonos por errores del pasado, eso nos provoca que nos estanquemos en determinada época de nuestra vida (un aborto, relaciones sexuales antes de tiempo, etc.) y vivamos sin ver las bendiciones de Dios pues en muchos casos nos sentimos indignos por esto que está en el pasado.

3. La culpa hace que veamos los errores más grandes de lo que en realidad son: La mentalidad culposa produce un sentimiento de indignidad muy profundo haciendo que maximicemos las situaciones en las que nos equivocamos provocando que le demos una dimensión exagerada aterradora.

4. La culpa no le permite decidir eficazmente: Muchos de los que nos equivocamos tendemos a dejarnos llevar por la culpa sin tener la capacidad de reflexionar en el error, decimos: "si la hice negra también la hago trompuda". No hay capacidad para detenernos y rectificar en el acto.

5. La culpa no le permite aprender de los errores: La mayoría de nosotros al equivocarnos nos apuñaleamos después de un error y no somos capaces por la culpa de sacarle una lección al error, creemos que lo correcto es solamente aprender del éxito, esto hace que caigamos una y otra vez en lo mismo pues no aprendimos del error anterior.

7. La culpa hace que aprenda a disculparse con excusas: Las personas que se les hace sentir culpables cuando se equivocan reaccionan la mayoría de las veces defendiéndose con una excusa.

8. La culpa hace que lastimes a otros haciéndoles sentirse culpables manipularlos o hiriéndolos: Las personas que fueron criadas y enseñadas a través de la culpa y/o que se sienten muy culpables tienden a manipular a otros, creyendo que así cambiarán. Un grupo no menor usa la culpa como arma para herir y controlar.

9. La culpa produce rebeldía: Una persona que la culpan constantemente para educarle o adoctrinarle tiende, tarde o temprano a generar una conducta rebelde.

10. La peor de las consecuencias de la Culpa es que nos hace sordos a la voz del Espíritu Santo y sensibles a la voz de Satanás: La culpa es el instrumento más poderoso que los demonios tienen para hacer que una persona nunca crezca, la culpa le dice al cristiano que Dios lo rechaza y Satanás se lo afirma, la culpa hace sentir indigno de la gracia de Dios a un cristiano y Satanás le ayuda a creerlo. El usa la culpa para apartar al cristiano de toda posibilidad de cambio.

Debemos quedar claros en que no estamos enseñando a los hermanos a tomar una actitud pusilánime, falsamente se nos ha dicho que nuestro enfoque tiende a "chinear» el pecado. Esto es falso pues lo que intentamos enseñar es a no sentirse culpables sino a sentirse concientes. Lo que está mal lo está y no tratamos de hacer que las personas lo ignoren sino que con las fuerzas de Dios, no las nuestras, y, por gratitud y respeto a Dios, no por culpa y religiosidad, encontremos la manera de enfrentarlo.

Conocer y vencer el Estres


En los tiempos que vivimos, quien más quien menos es víctima del estrés. Hoy por hoy es prácticamente imposible librarse completamente de él, ya que estamos bajo continuas presiones de diverso tipo: sociales, laborales, familiares, profesionales y económicas. Ante todos estos agobios, respondemos con un mecanismo de autodefensa que tiene como objetivo conseguir adaptarse a estas complicadas situaciones: el estrés
La actitud personal que conlleva el estrés tiene a menudo una parte positiva, que consiste en la predisposición a actuar sobre el problema para intentar encontrar una nueva perspectiva con la que poder afrontarlo con éxito. No obstante, la parte negativa es que esa actitud también va asociada con desconfianza, impotencia, rechazo, mal humor, irritabilidad y depresión que pueden traducirse en diferentes síntomas físicos, como cansancio, tensiones musculares, dolores de cabeza, trastornos del apetito, alteraciones del sueño, hipertensión arterial, úlceras, etc.
En la vida existe un gran número de factores potenciales desencadenantes del estrés, como iniciar una relación de pareja, separarse, cambiar de domicilio, nacimientos, fallecimientos, cambios profesionales, aumento de responsabilidades, etc. En cualquier caso, lo que estresa es lo que cada uno considera como "demasiado" o "excesivo", es decir, aquello que nos hace pensar que supera nuestras posibilidades de enfrentarnos con garantías de éxito a la situación creada.
Es típico que en el ámbito profesional se produzcan niveles altos de estrés, comúnmente asociados con el exceso de trabajo. En este caso, la angustia aparece normalmente porque, al haber mucho trabajo, es más probable que haya al menos una parte que no pueda ser completada a tiempo. Así, por ejemplo, muchos trabajadores se encuentran a menudo frente a situaciones del tipo: "tengo llamadas pendientes y no me da tiempo a contestarlas", "está sin resolver la propuesta que me hicieron en la última reunión", "debería estar haciendo el presupuesto del año que viene", o "tendría que leer esos informes que me dejaron sobre el escritorio": en resumen, "¡cuándo voy a poder hacer todo esto!".
ESTRÉS POR MOTIVOS DE TRABAJO
El estrés es un hecho habitual en nuestras vidas. No puede evitarse por completo, ya que cualquier cambio al que debamos adaptarnos conlleva cierta carga de estrés. Los sentimientos negativos, daño, enfermedad o muerte de un ser querido, son hechos estresantes, así como algunos sucesos positivos: ascender en el trabajo trae consigo el estrés del nuevo puesto, de nuevas responsabilidades.
Nuestras experiencias estresantes provienen de tres fuentes básicas: nuestro entorno, nuestro cuerpo y nuestros pensamientos. El entorno se refiere a las condiciones ambientales, como por ejemplo ruidos, aglomeraciones, demandas de nuestra atención, etc. Las fisiológicas se refieren a nuestro organismo: enfermedades, accidentes, trastornos, etc. Por otro lado, las amenazas exteriores producen en nuestro cuerpo ciertos cambios estresantes. Así, nuestra forma de reaccionar ante los problemas, las demandas y los peligros, viene determinada por una aptitud innata de lucha o huida, cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes.
Este proceso se traduce en una serie de cambios físicos observables. Así, por ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza, los músculos se tensan para responder al desafío y la sangre es bombeada al cerebro para aumentar la llegada de oxigeno a las células y favorecer los procesos mentales. Las frecuencias cardiaca y respiratoria aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y el tronco, las extremidades, manos y pies, se perciben fríos y sudorosos.
Si no se libera al organismo de estos cambios ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración de la amenaza, se entra en un estado de estrés crónico. Cuando uno se siente estresado y añade aun más estrés, los centros reguladores del cerebro tienden a hiperreaccionar ocasionando desgaste físico, crisis del llanto, y potencialmente depresión.
Condiciones Estresantes
-
Sobrecarga de trabajo.
-
Exceso o falta de trabajo.
-
Rapidez en realizar la tarea.
-
Necesidad de tomar decisiones.
-
Fatiga por esfuerzo físico importante.
-
Viajes largos y numerosos.
-
Excesivo número de horas de trabajo.
-
Cambios frecuentes en el entorno laboral.
-
En algunas aldeas, han obligado a pintar de negro los cristales de las ventanas de las casas donde viven mujeres para impedir que puedan ser vistas desde fuera.
La sobrecarga de trabajo, tanto en lo relativo a la complejidad de las tareas como en el excesivo número de ellas, ha establecido una relación directa entre horas de trabajo y muertes causadas por enfermedades coronarias. La sobrecarga de trabajo también esta relacionada significativamente con una serie de síntomas de estrés: búsqueda de formas de escape, absentismo laboral, baja motivación en el trabajo, baja autoestima, tensión, percepción de amenaza, desconcierto, alto nivel de colesterol, incremento de la tasa cardiaca y aumento de consumo de cigarrillos.
Estres asociado a las Características del Puesto de Trabajo
Ambigüedad del rol. Surge cuando no se dispone de una adecuada información laboral, responsabilidad o falta de claridad en los objetivos asociados al puesto. También puede suceder que exista una excesiva demanda de responsabilidad por parte de los compañeros sin haberse facultado para ello, o por el contrario que exista esa facultad y no se desempeñe. Esta situación representa para el trabajador una menor satisfacción en el trabajo, mayor tensión y baja autoestima.
La responsabilidad sobre otras personas. Los trabajadores con responsabilidad sobre otras personas tienen un mayor número de interacciones estresantes, como es el caso de directivos que, además, con cierta frecuencia tienen que asistir a reuniones o deben cumplir demasiados compromisos de trabajo. Estas personas suelen tener mayor presión diastólica y altos niveles de colesterol. Pero existen otros factores causantes de estrés relacionados con las funciones del trabajador, afectando fundamentalmente a mandos intermedios, como son:
-
Individuo que cuenta con insuficiente responsabilidad.
-
Falta de participación en la toma de decisiones.
-
Falta de apoyo por parte de la dirección.
-
Cambios tecnológicos a los que hay que adaptarse.
Estrés producido por las Relaciones Interpersonales
Cuando existen unas relaciones pobres y hay poca confianza, se producen frecuentemente comunicaciones insuficientes que originan tensiones psicológicas y sentimientos de insatisfacción en el trabajo. En este sentido, al considerar las relaciones con los superiores se pueden hallar favoritismos por su parte que provocan tensión y presión añadidas.
Por el contrario, las relaciones con los subordinados son con frecuencia fuentes de estrés para los directivos, al tratar de conseguir mayor productividad y un tratamiento considerado.
Las relaciones entre compañeros también pueden ocasionar diversas situaciones estresantes, como por ejemplo, rivalidad, falta de apoyo en situaciones difíciles, culpabilización de los errores o problemas, e incluso una total falta de relaciones.
Estrés relacionado con el Desarrollo de la Carrera Profesional
Por lo general, el trabajador espera ir ascendiendo en los diversos puestos que tiene la empresa a la que pertenece, es decir, tiende a mejorar no sólo en el aspecto económico, si no que también aspira a puestos de mayor responsabilidad o cualificación, desarrollando lo que llamaríamos su carrera profesional. Por eso, cuando las expectativas se truncan, aparecen tensiones o factores estresantes, como por ejemplo:
-
Falta de seguridad en el trabajo.
-
Incongruencia o falta de equidad en una promoción insuficiente o excesiva.
-
Conciencia de haber alcanzado el propio techo.
Cuando un ejecutivo de mediana edad observa una ralentización en los procesos de promoción, y experimenta que va alcanzando su propio techo y puede ser sustituido por otros compañeros más jóvenes y con mas preparación, aparecen tensiones, conflictos, ansiedades, insatisfacciones y temores en relación con su posición profesional.
Estrés producido por la estructura organizativa
-
Falta de participación en los procesos de toma de decisiones.
-
Falta de autonomía en el trabajo.
-
Inadecuada política de dirección.
-
Sentirse extraño en la propia organización.
-
Estrecha supervisión del trabajo.
El estrés producido por la propia organización presenta los siguientes factores de riesgo para la salud: ánimo deprimido, baja autoestima, poca satisfacción en el trabajo, intención de abandonar el puesto y absentismo laboral. Así mismo, en numerosos estudios realizados, la falta de participación en el trabajo produce insatisfacción y un incremento del riesgo de enfermedad física psíquica.
En el contexto laboral se experimentan otros síntomas estresantes que no son de carácter cuantitativo ni cualitativo, si no que ocurren más bien cuando las habilidades de la persona son incongruentes con respecto a la tarea o el entorno laboral. No obstante, hay que tener en cuenta que ante situaciones similares las personas reaccionan de forma diferente. Así, cuando se produce una tensión por sobrecarga de trabajo, mientras que una persona puede reorganizar eficazmente la tarea, aprender nuevas formas, buscar ayuda o absorber sólo aquello que es cabalmente posible, otra, según sea la situación, puede sentirse incapaz de superar tal tensión y puede responder a largo plazo con enfermedades coronarias, depresivas, etc.
Para que el estrés laboral no vaya carcomiendo nuestro interior debemos ser capaces de darnos cuenta de que el trabajo es sólo uno de los aspectos de los que se compone nuestra vida. Si dejamos que los problemas laborales nos ocupen y preocupen más de lo necesario no sólo estaremos abonando el terreno al estrés, si no que además corremos el peligro dejar de lado otros aspectos individuales, familiares y sociales más importantes incluso que el propio trabajo.

Conocer y vencer el Estres


En los tiempos que vivimos, quien más quien menos es víctima del estrés. Hoy por hoy es prácticamente imposible librarse completamente de él, ya que estamos bajo continuas presiones de diverso tipo: sociales, laborales, familiares, profesionales y económicas. Ante todos estos agobios, respondemos con un mecanismo de autodefensa que tiene como objetivo conseguir adaptarse a estas complicadas situaciones: el estrés
La actitud personal que conlleva el estrés tiene a menudo una parte positiva, que consiste en la predisposición a actuar sobre el problema para intentar encontrar una nueva perspectiva con la que poder afrontarlo con éxito. No obstante, la parte negativa es que esa actitud también va asociada con desconfianza, impotencia, rechazo, mal humor, irritabilidad y depresión que pueden traducirse en diferentes síntomas físicos, como cansancio, tensiones musculares, dolores de cabeza, trastornos del apetito, alteraciones del sueño, hipertensión arterial, úlceras, etc.
En la vida existe un gran número de factores potenciales desencadenantes del estrés, como iniciar una relación de pareja, separarse, cambiar de domicilio, nacimientos, fallecimientos, cambios profesionales, aumento de responsabilidades, etc. En cualquier caso, lo que estresa es lo que cada uno considera como "demasiado" o "excesivo", es decir, aquello que nos hace pensar que supera nuestras posibilidades de enfrentarnos con garantías de éxito a la situación creada.
Es típico que en el ámbito profesional se produzcan niveles altos de estrés, comúnmente asociados con el exceso de trabajo. En este caso, la angustia aparece normalmente porque, al haber mucho trabajo, es más probable que haya al menos una parte que no pueda ser completada a tiempo. Así, por ejemplo, muchos trabajadores se encuentran a menudo frente a situaciones del tipo: "tengo llamadas pendientes y no me da tiempo a contestarlas", "está sin resolver la propuesta que me hicieron en la última reunión", "debería estar haciendo el presupuesto del año que viene", o "tendría que leer esos informes que me dejaron sobre el escritorio": en resumen, "¡cuándo voy a poder hacer todo esto!".
ESTRÉS POR MOTIVOS DE TRABAJO
El estrés es un hecho habitual en nuestras vidas. No puede evitarse por completo, ya que cualquier cambio al que debamos adaptarnos conlleva cierta carga de estrés. Los sentimientos negativos, daño, enfermedad o muerte de un ser querido, son hechos estresantes, así como algunos sucesos positivos: ascender en el trabajo trae consigo el estrés del nuevo puesto, de nuevas responsabilidades.
Nuestras experiencias estresantes provienen de tres fuentes básicas: nuestro entorno, nuestro cuerpo y nuestros pensamientos. El entorno se refiere a las condiciones ambientales, como por ejemplo ruidos, aglomeraciones, demandas de nuestra atención, etc. Las fisiológicas se refieren a nuestro organismo: enfermedades, accidentes, trastornos, etc. Por otro lado, las amenazas exteriores producen en nuestro cuerpo ciertos cambios estresantes. Así, nuestra forma de reaccionar ante los problemas, las demandas y los peligros, viene determinada por una aptitud innata de lucha o huida, cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes.
Este proceso se traduce en una serie de cambios físicos observables. Así, por ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza, los músculos se tensan para responder al desafío y la sangre es bombeada al cerebro para aumentar la llegada de oxigeno a las células y favorecer los procesos mentales. Las frecuencias cardiaca y respiratoria aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y el tronco, las extremidades, manos y pies, se perciben fríos y sudorosos.
Si no se libera al organismo de estos cambios ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración de la amenaza, se entra en un estado de estrés crónico. Cuando uno se siente estresado y añade aun más estrés, los centros reguladores del cerebro tienden a hiperreaccionar ocasionando desgaste físico, crisis del llanto, y potencialmente depresión.
Condiciones Estresantes
-
Sobrecarga de trabajo.
-
Exceso o falta de trabajo.
-
Rapidez en realizar la tarea.
-
Necesidad de tomar decisiones.
-
Fatiga por esfuerzo físico importante.
-
Viajes largos y numerosos.
-
Excesivo número de horas de trabajo.
-
Cambios frecuentes en el entorno laboral.
-
En algunas aldeas, han obligado a pintar de negro los cristales de las ventanas de las casas donde viven mujeres para impedir que puedan ser vistas desde fuera.
La sobrecarga de trabajo, tanto en lo relativo a la complejidad de las tareas como en el excesivo número de ellas, ha establecido una relación directa entre horas de trabajo y muertes causadas por enfermedades coronarias. La sobrecarga de trabajo también esta relacionada significativamente con una serie de síntomas de estrés: búsqueda de formas de escape, absentismo laboral, baja motivación en el trabajo, baja autoestima, tensión, percepción de amenaza, desconcierto, alto nivel de colesterol, incremento de la tasa cardiaca y aumento de consumo de cigarrillos.
Estres asociado a las Características del Puesto de Trabajo
Ambigüedad del rol. Surge cuando no se dispone de una adecuada información laboral, responsabilidad o falta de claridad en los objetivos asociados al puesto. También puede suceder que exista una excesiva demanda de responsabilidad por parte de los compañeros sin haberse facultado para ello, o por el contrario que exista esa facultad y no se desempeñe. Esta situación representa para el trabajador una menor satisfacción en el trabajo, mayor tensión y baja autoestima.
La responsabilidad sobre otras personas. Los trabajadores con responsabilidad sobre otras personas tienen un mayor número de interacciones estresantes, como es el caso de directivos que, además, con cierta frecuencia tienen que asistir a reuniones o deben cumplir demasiados compromisos de trabajo. Estas personas suelen tener mayor presión diastólica y altos niveles de colesterol. Pero existen otros factores causantes de estrés relacionados con las funciones del trabajador, afectando fundamentalmente a mandos intermedios, como son:
-
Individuo que cuenta con insuficiente responsabilidad.
-
Falta de participación en la toma de decisiones.
-
Falta de apoyo por parte de la dirección.
-
Cambios tecnológicos a los que hay que adaptarse.
Estrés producido por las Relaciones Interpersonales
Cuando existen unas relaciones pobres y hay poca confianza, se producen frecuentemente comunicaciones insuficientes que originan tensiones psicológicas y sentimientos de insatisfacción en el trabajo. En este sentido, al considerar las relaciones con los superiores se pueden hallar favoritismos por su parte que provocan tensión y presión añadidas.
Por el contrario, las relaciones con los subordinados son con frecuencia fuentes de estrés para los directivos, al tratar de conseguir mayor productividad y un tratamiento considerado.
Las relaciones entre compañeros también pueden ocasionar diversas situaciones estresantes, como por ejemplo, rivalidad, falta de apoyo en situaciones difíciles, culpabilización de los errores o problemas, e incluso una total falta de relaciones.
Estrés relacionado con el Desarrollo de la Carrera Profesional
Por lo general, el trabajador espera ir ascendiendo en los diversos puestos que tiene la empresa a la que pertenece, es decir, tiende a mejorar no sólo en el aspecto económico, si no que también aspira a puestos de mayor responsabilidad o cualificación, desarrollando lo que llamaríamos su carrera profesional. Por eso, cuando las expectativas se truncan, aparecen tensiones o factores estresantes, como por ejemplo:
-
Falta de seguridad en el trabajo.
-
Incongruencia o falta de equidad en una promoción insuficiente o excesiva.
-
Conciencia de haber alcanzado el propio techo.
Cuando un ejecutivo de mediana edad observa una ralentización en los procesos de promoción, y experimenta que va alcanzando su propio techo y puede ser sustituido por otros compañeros más jóvenes y con mas preparación, aparecen tensiones, conflictos, ansiedades, insatisfacciones y temores en relación con su posición profesional.
Estrés producido por la estructura organizativa
-
Falta de participación en los procesos de toma de decisiones.
-
Falta de autonomía en el trabajo.
-
Inadecuada política de dirección.
-
Sentirse extraño en la propia organización.
-
Estrecha supervisión del trabajo.
El estrés producido por la propia organización presenta los siguientes factores de riesgo para la salud: ánimo deprimido, baja autoestima, poca satisfacción en el trabajo, intención de abandonar el puesto y absentismo laboral. Así mismo, en numerosos estudios realizados, la falta de participación en el trabajo produce insatisfacción y un incremento del riesgo de enfermedad física psíquica.
En el contexto laboral se experimentan otros síntomas estresantes que no son de carácter cuantitativo ni cualitativo, si no que ocurren más bien cuando las habilidades de la persona son incongruentes con respecto a la tarea o el entorno laboral. No obstante, hay que tener en cuenta que ante situaciones similares las personas reaccionan de forma diferente. Así, cuando se produce una tensión por sobrecarga de trabajo, mientras que una persona puede reorganizar eficazmente la tarea, aprender nuevas formas, buscar ayuda o absorber sólo aquello que es cabalmente posible, otra, según sea la situación, puede sentirse incapaz de superar tal tensión y puede responder a largo plazo con enfermedades coronarias, depresivas, etc.
Para que el estrés laboral no vaya carcomiendo nuestro interior debemos ser capaces de darnos cuenta de que el trabajo es sólo uno de los aspectos de los que se compone nuestra vida. Si dejamos que los problemas laborales nos ocupen y preocupen más de lo necesario no sólo estaremos abonando el terreno al estrés, si no que además corremos el peligro dejar de lado otros aspectos individuales, familiares y sociales más importantes incluso que el propio trabajo.

El Estres en la Mujer


Constantemente se nos advierte de los peligros potenciales del estrés. Somos conscientes de que existe el estrés y de que se trata de algo serio, pero no lo conocemos bastante. El conocimiento que tenemos del estrés es insuficiente porque normalmente está centrado en los hombres y en sus actividades. Pero no olvidemos que las mujeres viven en el mismo mundo que los hombres. También ellas han de soportar los atascos, las tensiones laborales y los desengaños amorosos. También a ellas les preocupan los hijos, el porvenir y les desconcierta el presente. Debido al estrés, las mujeres están deprimidas, insomnes, retraídas, irritables, atemorizadas, ansiosas, abatidas y trastornadas. Debido al estrés, las mujeres pierden a veces el interés por la comida, por las relaciones sexuales o por los amigos, exactamente igual que los hombres. Pero, además, las mujeres experimentan algunas formas de estrés que les son totalmente propias.

Estrés derivados de su fisiología: desarrollo de los senos, menstruación, embarazo y menopausia.

Estrés derivados de los cambios de vida: el matrimonio, la maternidad, el divorcio, el pasar los cuarenta años en una cultura que venera la juventud y la belleza, la viudez y la reorganización de la vida cuando los hijos son mayores.

Estrés psíquico que a menudo siente la mujer soltera de vida supuestamente divertida, que fue educada a la antigua, el ama de casa a la que se presiona para que salga de casa y se realice, la mujer que trabaja y a la que se presiona para que vuelva a casa a fin de no perder a su familia y la eterna experta en inseguridad.

Estrés oculto que perturban, angustian y agotan como el machismo, el sexismo sutil, el ser anfitriona, el hablar con niños de dos años.

El estrés de las crisis vitales, que caen principalmente sobre los hombros de la mujer: la atención a los padres enfermos, el cuidado de un hijo disminuido, el asegurar que la vida continúe.

Causas y efectos del estrés
El estrés puede derivar de algo que ocurre a nuestro alrededor o de lo que ocurre en nuestro interior. Puede derivar de un problema laboral, de una crisis familiar o de un ataque de ansiedad o inseguridad. Puede ser intermitente, pasajero o crónico. El efecto principal del estrés es la movilización del sistema "lucha, huida o miedo" del cuerpo. Pero supongamos que - como ocurre tan a menudo en la vida moderna - el estrés que sufre una persona no requiere ningún tipo de acción.


Supongamos, por ejemplo, que una persona acude a una cita importante y se ve atrapada en un embotellamiento. No hay movimiento, no hay escapatoria, no hay acción. En esa situación, sería más útil la relajación que los cambios bioquímicos y psíquicos a que da lugar el sistema de lucha, huida o miedo.

Si el estrés es breve no suele haber problemas, porque después el cuerpo tendrá tiempo de descansar. Esto es lo que ocurre cuando el estrés forma parte de un juego, un deporte o incluso una relación sentimental. La sensación de euforia que se experimenta en estos casos es el "estrés positivo", es decir, el que nace de actividades estimulantes que se pueden abandonar a voluntad. Pero si el estrés es prolongado y escapa al control del sujeto, el cuerpo no podrá descansar. Los efectos de este "estrés negativo" pueden empezar a aparecer.

Algunos síntomas de estrés son:

Dolores de cabeza
Dificultad en la deglución (espasmos esofágicos)
Acidez
Náuseas
Mareos
Dolores en el pecho, en la espalda, en el cuello
Micciones frecuentes
Disminución de la memoria
Espasmos gástricos
Sudores fríos
Fatiga crónica
Crisis de angustia
Insomnio
Estreñimiento
Diarrea

Síntomas del estrés femenino
Los síntomas de estrés mencionados pueden afectar y afectan tanto al hombre como a la mujer, pero las mujeres no padecen sólo estos trastornos sino también otros, menos conocidos, que derivan de su peculiar fisiología, de sus cambios vitales y de las exigencias vitales y psíquicas de que son objeto. Y lo más importante de todo es que la mayoría de estos son prolongados y están fuera de su control; este es el tipo de estrés más peligroso que se puede sufrir. Entre los síntomas relacionados con el estrés que son específicos de la mujer están los siguientes:


· Amenorrea (desaparición de la menstruación)
· Melancolía menopáusica
· Vaginismo (coito doloroso)
· Frigidez (inhibición de la excitación sexual)
· Tensión premenstrual / dolor de cabeza
· Depresión posparto
· Anorgasmia
· Infertilidad

Entre los trastornos que no son específicos de la mujer pero que les afectan con mayor frecuencia que a los hombres están los siguientes:

· Anorexia
· Bulimia
· Neurosis de ansiedad
· Psicosis depresiva

Estos son los síntomas del estrés femenino, y cuanto antes establezcamos la relación entre su aparición y la incidencia del estrés en nuestra vida cotidiana, antes podremos ayudarnos a nosotras mismas a estar más sanas.